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LUMBALGIAS EN LAS GESTANTES

La lumbalgia es una de las molestias y complicaciones más comunes de la gestación, que tradicionalmente, se considera inevitable por las mujeres y sus médicos. La mayoría de los estudios publicados sobre el origen de la lumbalgia data de hace mucho tiempo. Sólo en dos estudios se ha utilizado la exploración física detallada tradicional para diagnosticar con exactitud la etilogía de la lumbalgia.

Varios estudios comprobaron que el trabajo físico pesado y el tabaquismo son factores de riesgo para el desarrollo de lumbalgia durante el embarazo.

El número de partos, la edad y los antecedentes de lumbalgia también han sido asociados con estos síntomas en la mayoría de los estudios. No se ha comprobado que se correlacionen con el desarrollo de síntomas de lumbalgia durante el embarazo las variables siguiente:

  • Raza

  • Ocupación

  • Peso fetal

  • Peso materno previo a la gestación

  • Aumento ponderal

  • Ejercicio físico

  • Tipo de colchón

  • Altura de los tacones

  • Antecedentes de anestesia epidural

  • Antecedentes de lumbalgia.

El útero grávido y la lordosis compensadora, producen una carga mecánica notable en al zona lumbar.

Esta alteración de la postura aumenta la tensión en las carillas articulares lumbosacras, por lo que aumentan las fuerzas tangenciales en los espacios entre los discos intervertebrales. De esta forma, se instala un desequilibrio muscular anteroposterior.

Fast et al. Ilustraron la debilidad abdominal clínica en el embarazo comparando las capacidades de dos grupos (un grupo de mujeres gestantes y otro de no gestantes).

Bullock et al. Utilizaron un inclinómetro para medir la progresión de la cifosis, lordosis y la inclinación pelviana en 36 gestaciones.

Snidjer et al. Estudiaron un grupo de 16 embarazadas, con una combinación de reflectómetros y modelos matemáticos, para medir la curva de la columna en las semanas previas y posteriores al parto. Sus pacientes eran un promedio 10 mm más altas antes del parto y la cifosis y la lordosis estaban menos marcadas antes del parto. Concluyeron que estos hallazgos son el resultado de la relajación del músculo psoas, que permite que se aplane la lordosis normalmente presente.

Ostgaard et all. Llegaron a la conclusión de que las embarazadas compensan los cambios intrapelvianos con una lordosis lumbar leve. Postularon que estas lordosis se producen por la extensión del tronco superior, del cuello, y de la articulación de la cadera, no por la extensión de la columna lumbar. Se sugirió que el dolor en la región sacroilíaca se debe al estiramiento y microtraumatismo excesivo del tejido conectivo, como consecuencia de las fuerzas de los músculos extensores del tronco, que equilibran la inclinación anterior del borde pelviano ocasionado por el crecimiento del útero.

La distensión de la pelvis aumenta aun más la movilidad de las articulaciones sacroilíacas. La transición entre la relajación pelviana fisiológica y patológica, que produce dolor, es imprecisa. Inicialmente, los principales síntomas de relajación pelviana comprenden dolor espontáneo y a la palpación de las articulaciones sacroilíacas, desencadenado por presión directa o indirecta.

Posteriormente, la relajación sacroilíaca ocasiona dolor lumbar que irradia hacia abajo, a la parte posterior de los músculos. Ocasionalmente, el dolor puede irradiar hacia las caras anteriores de la región inferior del abdomen y de los muslos.

Otro tipo de dolor lumbar que afecta con frecuencia a un grupo numeroso de embarazadas se localiza en la parte posterior de la pelvis, distal y lateral a la unión lumbosacra. El dolor se irradia hacia la parte posterior del muslo, se puede extender por debajo de la rodilla y, por esto, puede ser interpretado como ciática o síndrome articular posterior.

Un estudio con 436 embarazadas llevado a cabo por Ostgaard et all. Reveló que esta entidad, denominada “dolor pelviano posterior”, es diferente a la ciática, en cuanto a que es menos específica que el síndrome compresivo radicular en su distribución y no se extiende hacia el tobillo y pie.

El dolor es del síndrome articular posterior porque no surge del área lumbar. Además, no incluye debilidad muscular ni disfunción sensitiva y los reflejos son normales. Por lo tanto, el dolor pelviano posterior asociado con el embarazo no debe ser tratado como lumbalgia o ciática porque no es el resultado de la compresión nerviosa. La paciente debe ser evaluada para buscar el desequilibrio postural y posibles problemas en las facetas segmentarías de la columna.

Los síntomas radiculares a menudo acompañan a la molestia lumbar asociada con el embarazo.

A pesar del aumento de la fuerza tangencial ejercida en el espacio discal (que varía entre los individuos), no es frecuente la hernia del núcleo pulposo durante la gestación, con una incidencia de sólo 1:10.000. Se cree que la presión directa que ejerce el útero en las raíces y plexos nerviosos es responsable de muchos de los síntomas radiculares.

Bushnell describió por primera vez en 1949 <<neuralgia parietal del embarazo>>.

Propuso que la presión mecánica de las estructuras ligamentosas de la columna en las raíces nerviosas (debido a la acentuación de la lordosis del embarazo) era responsable del dolor radicular de la gestación. Los síntomas se presentan fundamentalmente como parestesias en la distribución de los nervios ilioinguinales e iliofemoral. El <<aligeramiento>> también se asocia a veces con los síntomas radiculares, un evento que generalmente se produce durante las últimas 4 semanas de la gestación. La parte de presentación del feto se afirma en la pelvis, <<aliviando>> así la presión contra el diafragma y la cavidad abdominal superior.

La respiración de la madre se hace mucho más fácil, aunque también puede experimentar síntomas radiculares, atribuidos a la presión directa del útero grávido sobre los componentes de plexo lumbosacro que forman parte del nervio ciático. Un estudio reciente en el que se utilizaron imágenes de resonancia magnética demostró que las protusiones o hernias de los discos lumbosacros son habituales en mujeres en edad fértil y que las embarazadas no presentan una mayor prevalencia de anomalías de los discos.

El embarazo puede aumentar la escoliosis preexistente. Berman et al. Identificaron mayor progresión de la curva en tres de ocho pacientes con escoliosis idiopática. Propusieron un vínculo entre los efectos de la hormona relaxina y la tensión mecánica del embarazo, que produce una progresión de las curvas de escoliosis mayor de 25 grados. Como contrapunto, en una revisión retrospectiva importante de 355 mujeres con escoliosis idiopática (175 embazadas y 180 no embrazadas), Bertz et al. Llegaron a la conclusión de que las embrazadas con escoliosis no tienen mayor riesgo de progresión de la curvatura de la columna.

Las curvas escolióticas tienden a progresar en la edad adulta, pero en el embarazo no parece incrementar la velocidad de esta progresión. Además, la escoliosis idiopática leve o moderada no parece ocasionar problemas durante el embarazo. Los resultados en embarazadas con escoliosis fue similar al de las mujeres sin escoliosis.

Sin embargo, un estudio reciente demostró que las pacientes con escoliosis tienes más partos prematuros de lo que podría esperarse y también que las mujeres con fusión vertebral posterior debido a escoliosis idiopática no tienen mayor riesgo de dolor lumbar durante el embarazo.



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