Los trastornos de alimentación. En osteopatía en alicante

En osteopatía en alicante

 

Los trastornos de alimentación. Cómo prevenirlos

1 de Octubre de 2015

A los hijos adolescentes se les debe advertir sobre el peligro de seguir dietas innecesarias y que no estén prescritas y controladas por un médico.

1.  LA IMPORTANCIA DE UNA BUENA ALIMENTACION

La formación de buenos hábitos alimentarios es un excelente instrumento para prevenir las enfermedades y promover la salud en la población. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), una mala nutrición puede reducir la inmunidad, aumentar la vulnerabilidad a las enfermedades, alterar el desarrollo físico y mental, y reducir la productividad. La mejor manera de alcanzar un estado nutricional adecuado es adquirir hábitos saludables de alimentación desde la más tierna infancia. En este sentido, la función de la familia es de vital importancia, ya que es el espacio donde se pueden prevenir  enfermedades como la obesidad, la anorexia y la bulimia nerviosa.

2.  LA OBESIDAD Y EL SOBREPESO

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2). La definición de la OMS es la siguiente:

  • Un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso.
  • Un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.

El IMC proporciona la medida más útil del sobrepeso y la obesidad en la población, puesto que es la misma para ambos sexos y para los adultos de todas las edades. Sin embargo, hay que considerarla a título indicativo porque es posible que no se corresponda con el mismo nivel de grosor en diferentes personas.

El sobrepeso y la obesidad son el quinto factor principal de riesgo de defunción en el mundo. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. Además, un IMC elevado es un importante factor de riesgo de enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardiovasculares y los trastornos del aparato locomotor. El 44% de los casos de diabetes, el 23% de las cardiopatías isquémicas y entre el 7% y el 41% de algunos cánceres son atribuibles al sobrepeso y la obesidad.

¿Qué causa el sobrepeso y la obesidad?

La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas. En el mundo, se ha producido un aumento en la ingesta de alimentos hipercalóricos que son ricos en grasa, sal y azúcares pero pobres en vitaminas, minerales y otros micronutrientes, y  un descenso en la actividad física como resultado de la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, de los nuevos modos de desplazamiento y de una creciente urbanización.

¿Cómo pueden reducirse el sobrepeso y la obesidad?

Se debería apoyar a las personas en el proceso de realizar elecciones, de modo que la opción más sencilla sea la más saludable en materia de alimentos y actividad física periódica.  Para ello son fundamentales unas comunidades y unos entornos favorables que inviten a llevar una vida sana.

3.  ANOREXIA Y BULIMIA

Las personas con este trastorno se niegan a mantener su cuerpo con un peso situado dentro de los límites de la normalidad, tienen mucho miedo de aumentar de peso o de llegar a ser obesas y están exageradamente preocupadas por su figura. Además, la valoración que hacen de sí mismas como personas viene determinada por la opinión sobre su cuerpo.

El 90-95% de las personas afectadas son mujeres y la edad suele estar entre los 12 y los 25 años. Los Trastornos de la  Conducta Alimentaria (TCA) en conjunto representan la tercera enfermedad crónica más común entre la población de pacientes adolescentes.

Según la GUÍA DE PRÁCTICA CLÍNICA SOBRE TCA existen  diversos factores genéticos y alteraciones neurobiológicas  que predisponen a una persona a sufrir  anorexia o bulimia, de modo que no se puede afirmar que la familia sea la causa de un trastorno alimentario. Sin embargo, determinadas características familiares, junto a factores individuales y sociales aumentan la probabilidad de presentar este tipo de trastornos.

Se ha podido comprobar que las siguientes actitudes familiares y de personalidad favorecen la aparición de trastornos de CA en los niños:

  • modelos familiares sobreprotectores, rígidos y exigentes, conflictivos, y poco cohesionados
  • poca comunicación en la familia, clima tenso, agresivo, distante y/o escasamente afectuoso
  • familias desestructuradas, antecedentes familiares de trastornos afectivos y sintomatología obsesivo-compulsiva y de TCA en las madres.
  • dieta restrictiva y/o conducta alimentaria atípica en la familia (preocupación  excesiva por el peso por parte de los padres)
  • obesidad de algún miembro de la familia (especialmente de las madres)
  • alcoholismo (especialmente en padres)
  • hábitos alimentarios poco regulares durante la infancia
  • profesiones y/o actividades durante la infancia-adolescencia que valoran excesivamente la delgadez y/o el peso
  • excesiva rigidez, perfeccionismo, retraimiento social, baja autoestima e insatisfacción con el propio cuerpo
  • acontecimientos vitales potencialmente estresantes (experiencias traumáticas o dolorosas,  divorcio conflictivo de los padres, maltrato o abuso sexual..etc)
  • Altas expectativas familiares y críticas o burlas al físico.

¿Qué señales pueden alertarnos de un posible trastorno de la conducta alimentaria?

Hay varias conductas de riesgo que si se  realizan con cierta regularidad pueden acabar con la aparición de una anorexia o bulimia nerviosa:

  • Cambios en las costumbres alimentarias, como evitar tomar ciertos alimentos de forma continua (por ej.: dulces) y consumir únicamente productos bajos en calorías o ricos en fibra.
  • Saltarse las comidas
  • Reducción de la cantidad de comida, dietas restrictivas o ayunos
  • Presencia de atracones en las últimas semanas y vómitos autoinducidos
  • Sensación de no poder parar de comer
  • Usar diuréticos y abusar de laxantes
  • Realizar ejercicio físico para perder peso de forma exagerada
  • Preocuparse de forma excesiva y frecuente por el cuerpo o la figura
  • Pesarse con frecuencia
  • Mostrar un interés exagerado por la publicidad sobre productos adelgazantes
  • Pérdida de peso en un período breve
  • Pérdida o irregularidades en la menstruación
  • Palidez, caída de cabello, sensación de frío, dedos azules
  • Debilidad y mareos
  • Cambios de carácter (irritabilidad, ira,?)
  • Sentimientos depresivos, inseguridad respecto sus capacidades
  • Sentimientos de culpa por haber comido o haberlo dejado de hacer
  • Aislamiento social y preferencia por comer a solas

4.  LA DIETA SALUDABLE  PARA PREVENIR ENFERMEDADES

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la OMS publicaron un informe en el año 2003  en el que se concluye que la dieta con pocas grasas saturadas, azúcares y sal y abundantes frutas y hortalizas, combinada con la actividad física regular, es fundamental para reducir las enfermedades crónicas como la diabetes, los cánceres y la obesidad.

Hay  alimentos que deben ser ingeridos diariamente como  son los derivados de cereales y patatas, verduras, hortalizas, frutas, leche y derivados lácteos, y aceite de oliva. Algunos alimentos como las legumbres, frutos secos, pescados, huevos y carnes magras, se tomarán alternativamente varias veces a la semana. Se aconseja moderar el consumo de carnes grasas, pastelería, bollería, azúcares y bebidas refrescantes. Es importante mantener una adecuada hidratación mediante el consumo de agua, infusiones, caldos, etc. También se recomienda moderar el consumo de alcohol, fomentando el consumo de bebidas fermentadas de bajo contenido alcohólico como el vino, la cerveza, el cava o la sidra, en lugar de otras bebidas alcohólicas.

La actividad física es uno de los principales factores determinantes del gasto energético diario y es fundamental para el equilibrio energético y el control del peso.   Practicar diariamente ejercicio físico moderado y ajustar la ingesta de alimentos de acuerdo al nivel de actividad habitual permite mantener el peso corporal en niveles deseables.

¿Cuál es la alimentación recomendable para el niño en sus primeros años de vida? 

La Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño, elaborada conjuntamente por la OMS y el UNICEF recomienda alimentar al lactante exclusivamente con leche materna durante los seis primeros meses de vida. A partir de los seis meses se deben introducir en pequeñas cantidades, paulatinamente, alimentos complementarios ricos en nutrientes, aumentando gradualmente la proporción a medida que crezca el niño. Los niños pequeños deben recibir alimentos variados, incluidos productos cárnicos, pescado y huevos, en forma de puré, triturados y semisólidos. A partir de los 8 meses se puede dar a la mayoría de los niños diversos alimentos que se pueden comer con la mano, y a partir de los 12 meses pueden comer en general los mismos productos que el resto de la familia. Los alimentos deben tener una consistencia apropiada para la edad del niño.

Es importante que los cuidadores demuestren sensibilidad al alimentar al niño, dándoles de comer despacio y con paciencia, sin forzarlos y animándoles a comer por sí solos cuando son mayores.  Cuando se nieguen a comer, se probarán diferentes combinaciones de alimentos. La hora de comer debe ser un momento de aprendizaje y amor, un momento para hablar con los niños y tener contacto visual con ellos.

Una alimentación inadecuada en la primera infancia es uno de los principales factores de riesgo de mala salud a lo largo de la vida. Entre los efectos a largo plazo cabe citar un mal rendimiento escolar, una menor productividad, alteraciones del desarrollo intelectual y social, y diversas enfermedades crónicas.

5.  COMER EN FAMILIA

Ya sea que los padres estén esperando un hijo o que tengan hijos adolescentes con malos hábitos alimentarios, nunca es tarde para empezar  a cambiar.

En primer lugar ambos padres deben tomar conciencia y revisar sus propios hábitos alimentarios. De nada sirve preparar nutritivas papillas a los bebés u  ofrecerles  el mejor pescado, si  sus  padres no se sientan a comer con ellos o comen exclusivamente alimentos ricos en grasas o bollería. Los niños imitan lo que ven y a la  larga querrán comer lo mismo que comen sus padres. Desde el inicio de las papillas se le debe dar una cuchara al niño para que comience a introducir pequeñas cantidades de comida en su boca. Hay que dejarle que manipule los alimentos y obviamente es normal que se manche, por lo que hay que ponerle un babero o un delantal para que pueda explorar libremente todas las texturas. A medida que muestren interés se les puede ofrecer probar algunos de los alimentos que le son permitidos. Recordemos que la OMS  dice que a partir del año los niños pueden comer lo mismo que sus padres, por lo que pueden compartir la comida familiar en torno a la mesa.

Hay que tener en cuenta el aspecto social de la comida, entendida como punto de encuentro familiar y placentero, incluso por encima del valor nutritivo. El momento de la comida tiene que ser un espacio de encuentro familiar, en el que el diálogo y la comunicación sean posibles. Para ello es  necesario que se apague el televisor  y se eviten las discusiones y los reproches a la hora de la comida.

No se debe criticar nunca el físico de los niños, ya que la mayoría de las veces ser delgado o estar un poco más gordo puede responder a cuestiones genéticas o a malos hábitos alimenticios fomentados por los propios padres. La autoestima se forma durante los primeros años de vida de una persona y esas críticas al cuerpo del niño son una herida muy honda y difícil de sanar que conduce a una disconformidad con el propio cuerpo que puede conducir a enfermedades como las que se mencionaban en capítulos anteriores.

No se debe siquiera hablar de dietas o de gordura delante de los niños, ni criticar a personas que tengan sobrepeso. Cuando el niño insista en comer dulces o bollería se le debe explicar que son alimentos no saludables, nunca decir que engordan. Si está muy delgado se le pueden ofrecer más hidratos de carbono y si tiene un poco de sobrepeso se recomienda que practique más ejercicio físico y coma más fruta y más verdura.

No se recomienda pesar a los niños en casa, los controles pediátricos son suficientes en este sentido. Cuando los padres están muy preocupados por el peso del niño (por exceso o por defecto) se genera ansiedad en torno a la alimentación y por ende las comidas familiares se convierten en verdaderos campos de batalla.

A los hijos adolescentes se les debe advertir sobre el peligro de seguir dietas innecesarias y que no estén prescritas y controladas por un médico.

Es cierto que se recomienda que los niños coman alimentos saludables y variados, pero su efecto beneficioso se pierde cuando lo comen forzados, angustiados y de mala gana. Deje que su hijo coma lo que necesita, póngale el mismo plato (aunque menos cantidad) que el resto de la familia y si no puede o no quiere acabarlo, haga que su hijo permanezca en la mesa hasta que el último miembro de la familia haya terminado de comer. Nunca hay que prepararle algo especial cuando algo no le gusta, es la única manera de que aprenda a comer prácticamente de todo. Siempre habrá algunos días que la comida le gustará más y por ende comerá mas. Hasta que sea mayor y aprenda a cocinar por si mismo deberá intentar comer lo que sus padres han preparado para la comida familiar.

Autora: Sandra Borro

https://apolpunset.fundacionmapfre.org/los-trastornos-de-alimentacion-como-prevenirlos



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